IDENTIDAD Y TERRITORIO
- 1 ene 2019
- 3 Min. de lectura

Dedicado para Elena
La identidad de un pueblo, una nación o un territorio, no se hereda, se la construye. Porque en el mundo en que hoy vivimos, no hay cabida para identidades asesinas, puras, incontaminadas. En ese sentido, por tanto, la identidad más allá de lo que se haya dicho y escrito, hoy pasa por la construcción. La mayoría de las personas vivimos entre fronteras culturales, la lengua, el pensamiento, y, finalmente como Slovan Zizek, fílósofo croata, dice, dentro de fronteras irracionales. En Bolivia casi todas nuestras fronteras son irracionales. Sino cómo nos explicamos, por ejemplo, la movilidad humana dentro del territorio. O que pueblos como en Chuquisaca, geográficamente pertenezcan al departamento, pero culturalmente estén ligados a otra región (Monteagudo, Muyupampa a Santa Cruz, o Villa Abecia y Culpina a Tarija, etc.).
La gran mayoría de los bolivianos, y por reducción, los culpineños, tenemos más de una identidad. Ahora bien, sin necesidad de adentrarnos en definiciones conceptuales muy complicadas, la identidad, creo que es aquello que nos hace ser lo que somos, frente a otros. Y los bolivianos estamos contaminados, nos define las rugosidades. De un extremo a otro del país la mezcla es lo más evidente. Hans Van den Berg, ya por los años 90, cuando enseñaba historia latinoamericana y de la Iglesia, solía decir, si bien la identidad nos da una carta de ciudadanía, también es un problema; y ponía el ejemplo del hijo nacido en Buenos Aires, de padre boliviano, cacachaka y madre francesa, el mismo se preguntaría, cuál era su identidad. Cosa muy complicada para dicho individuo, porque tendría que pensar que pesaba más en él. La herencia paterna o materna o el lugar de nacimiento.
Ahora bien, en el caso de los culpineños, nos preguntamos ¿Qué nos define? ¿Qué nos hace ser lo que somos? Una mujer bellísima de mi pueblo, me dijo, que estamos tan unidos a la pampa como la papa a la tierra. Bueno ahora vamos por partes. El territorio de la pampa culpineña está innegablemente unido a la agricultura. Más allá de hechos históricos, ya antes de la reforma todo en esa inmensa pampa era producción de cereales, hortalizas, cuando la SAGIG era dueña de ese territorio. Luego de la Reforma agraria, nada cambió, siguió siendo el agro el modo de vida y la forma de enfrentarse al medio. La cultura por tanto es la capacidad que tiene el ser humano para transformar su medio, su entorno (Michael Amaladoss). ¿Cómo transformaron su entorno nuestros abuelos, los padres de sus padres? ¿A qué recurrieron para hacerlo? Recuerdo muy bien, las noches en que mi abuela me llevaba empuñando una pala a irrigar la tierra, y mi abuelo con un pico al hombro. Mientras yo contemplaba la luna allá arriba en el campo abierto como un disco inalcanzable. Ese entorno, y la geografía de un territorio rico y propicio al agro, fue modelado a punta de pico y pala. Con toda razón, el día que este gobierno intento acallar mi voz, el escritor, Claudio Ferruifno- Coqueugniot, dijo que yo era hijo de agricultores. Por lo que le estoy infinitamente agradecido. Por tanto, comprendí que mi identidad, y quizá la más honda con la que cargo es esa: soy hijo de campesinos agricultores. El viento, los productos de la tierra, la luna, las ovejas y cabras pastando en los campos en invierno, el cielo coronado de estrellas en noches blancas, han conformado mi sensibilidad, mi modo de ver el mundo y comprenderlo. Si bien esto ha sido mi fortaleza también mi debilidad. Pero eso somos los culpineños. Territorio e identidad viven en nosotros estemos donde estemos, como todo ser humano.
Aunque vivo ya muchos lustros fuera, siempre regreso tan solo para sentir la humedad de la tierra en mi pueblo. O comer un plato de mote, haba con su cocinau de papa y un pedazo de queso, fruto de la prodigiosa tierra de la pampa.






















Comentarios